Avelino Sala: «El capitalismo se autodestruirá porque morirá de éxito»

ABC CULTURAL - Javier Díaz-Guardiola

Con ‘La tempestad’, bajo el comisariado de Semíramis González y el apoyo de la LABoral, celebra el asturiano su primera muestra institucional en Madrid (CentroCentro)

 

Provoca Avelino Sala (Gijón, 1972) en CentroCentro una gran ‘Tempestad’. La originada de celebrar su primera individual en Madrid, pese a estar vinculado a la ciudad, y la de la polvareda de sacarle desde hace más de 20 años los colores al sistema. Primera colaboración de este espacio con LABoral, donde posteriormente viajará la cita, comisariada por su directora, Semíramis González, que el asturiano entiende como buen termómetro de sus intereses.

 

—Primera expo institucional en la ciudad en 20 años. ¿Sale caro ser artista madrileño o de Madrid?
—No lo sé. Todos sabemos cómo es el contexto del arte y lo difícil de entrar en la institución. Sí que es verdad que tuve un parón en el que viví en Barcelona, pasé por la Academia de Roma… Fueron 13 años de desconexión. Eso ha podido influir. Quizás haya pues una causa de autoculpa en ello. E influye la casuística que determina el desarrollo de la carrera de un artista, que hace que las cosas lleguen cuando llegan, sin más.

 

—¿Cómo se aborda la oportunidad cuando llega?
—Me hace muchísima ilusión, eso tengo que decirlo, porque además CentroCentro es un lugar estratégicamente situado, lo que aporta una visibilidad enorme. Lo que planteamos la comisaria y yo fue trabajar de manera muy natural con los discursos que llevo desarrollando ya casi 20 años. Casi todo es producción nueva, junto a piezas conocidas pero producidas de nuevo con una escala más ambiciosa, también condicionada por el espacio.

 

—¿Hay un recorrido claro?
—Hablamos de las problemáticas de nuestro tiempo pero en un espacio difícil, de forma que lo que se ha pretendido es que cada pieza tenga su propio entorno y el espectador las pueda visitar como si fueran exposiciones individuales, como los capítulos de un libro. Jugamos con una luz tenue, paredes negras y rojas, para generar intimidad.

 

—Repasando las diez instalaciones de la muestra se podría decir que es usted un artista político. ¿Qué entiende por arte político?
—Yo creo que todo en la vida es un acto político, como elegir si llevas un jersey negro o azul. Pero no me gusta mucho denominarme así. Creo que lo mío se define mejor como arte crítico; crítico con nuestro tiempo. Me gusta todo tipo de arte, la pintura, pero a mí no me sale hacer otra cosa que no sea lo que hago. Y el artista tiene cierta responsabilidad con su tiempo, y esta se traduce lanzando piezas al espectador que le hagan ver la realidad desde otro punto de vista. En mi caso, sin olvidar la belleza, la relación en lo mío entre forma y mensaje.

 

—Varias obras hacen alusión a los libros, fuente de conocimiento agotado para las nuevas generaciones. ¿Qué le interesa a usted de este objeto?
—Como objeto, el libro es un símbolo maravilloso. Podríamos decir que hoy están abocados a desaparecer. Y los míos son libros, por un lado, rescatados de mercadillos, pero inutilizados. En ellos, el texto sale de su interior y se posa en la portada pero transformado en escultura. ¿Y qué arma hay más poderosa que un libro? Las frases reproducidas en las cubiertas son eslóganes de manifestaciones. El grupo que va del blanco al negro se sirve de los utilizados en las manifestaciones del ‘Black lives matter’. Los morados de las del 8M y los naranjas, de los ‘Fridays for Future’ del clima. Sus degradados generan una especie de ocaso que me interesa resaltar. Un principio y un final.

 

—Su obra eleva la propuesta una idea de violencia asimilada o contenida, algo que caracteriza estos días. ¿Cómo se destila esto en su trabajo?
—Más que violencia, yo usaría la palabra amenaza. Todo el rato estamos amenazados por algo. No hay más que echarle un ojo al telediario, lo que crea ansiedad. Pero eso, que tiene una doble entrada, comienza o acaba —con esos cuchillos suspendidos o esos perros amenazadores. Y ser artista es también estar haciendo constantemente equilibrios, con carreras frágiles e inestables.

—Eso nos lleva a hablar del silencio de la pieza ‘4’33” minutos de silencio o minutos de silencio’. Esa pieza es un homenaje a Cage y su pieza mítica, que me parece sublime. Siempre me han llamado la atención esos gestos simbólicos que se reproducen en el vídeo, esos minutos de silencio que, a base de repetirlos, son los vaciamos de contenido. De hecho, editando la pieza nos dimos cuenta de que nunca alcanzan el minuto exacto, hay prisa en acabarlos. Pertenece a distintos actos porque no quería que se relacionaran con nada en concreto y se presentan en un tríptico porque el concierto de Cage tenía tres actos.

—Habla de vaciar de contenido, pero cada vez tendemos a vaciar más de significado las palabras y hacer del lenguaje un arma más pobre.
—Siempre me ha interesado, en cierto modo, la pieza de Daniel G. Andújar ‘Democracia es democracia’. Es ese término que hemos dejado en la raspa. El desgaste de los símbolos hace que estos no funcionen, resultado de su sobreexplotación.

 

—¿Cuál es para usted la mayor contradicción del capitalismo?
—¡Ostras! ¡Esa pregunta es muy difícil! Me alucina cómo el sistema es capaz de fagocitar hasta a sus críticos, de hacer uso de aquello de lo que se le acusa. Y ahí tienes el ‘pinkwashing’, el ‘greenwashing’, el ‘purplewashing’… Eso sí que es apropiacionismo y no el del arte, que devuelve con grandes campañas de imagen en las que invierte un dineral para justificar por qué estás destrozando el mundo. El capitalismo se acabará autodestruyendo. Nos está llevando a unos límites en los que dejará de funcionar porque morirá de éxito.

 

—Es cierto que buena parte de las piezas de esta exposición son producciones nuevas. ¿Resume bien su trayectoria o sus intereses han cambiado?
—Hace muchos años, en el cambio de siglo, trabajaba más desde lo autobiográfico. Eran aquellos proyectos sobre la espera en los que iba a buscar cosas donde no las había. O aquellas piezas más objetuales, muy íntimas, que no hablaban de cuestiones tan globales. Pero es la evolución profesional, que tiene que ver con tu posición con respecto al mundo, lo que hace que cambies.

 

—¿Quizás hace 20 años hablaba de lo mismo de otra manera?
—Yo creo que sí. Básicamente porque tienes que ser honesto contigo para hacer esto. Si no es así, se nota.

April 18, 2026
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