Esta exposición en Dublín defiende que la paz es posible si estamos dispuestos a impulsar el cambio.

OCULA

Mientras la guerra sigue devastando Ucrania, los debates en torno a la inmigración en el Reino Unido se vuelven cada vez más violentos y un partido de extrema derecha toma el control de un estado alemán por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, en Irlanda, una nueva exposición dirige su atención no hacia el conflicto, sino hacia la paz.

 

Technologies of Peace: Art and Transition in Contemporary Europe (1989–2026), inaugurada el sábado en el Irish Museum of Modern Art (IMMA), es una exposición especulativa que reúne a más de 40 artistas, junto con investigadores y comisarios de todo el continente, para reflexionar —y tratar de visualizar— el estado de paz. Para ello, plantea la paz no como una condición fija o un punto de llegada, sino como un proceso activo de negociación y mantenimiento.

 

«No se trata de una visualización literal de la paz en el sentido habitual», explicó a Ocula la cocomisaria Mary Cremin antes de la inauguración de la exposición. «No tiene que ver con palomas o símbolos de la paz, sino más bien con ese espacio intermedio, con la transición de una situación de posconflicto hacia un entorno pacífico. Trata sobre imaginarios colectivos, ideas de resistencia o sobre cómo transformar las dinámicas de poder mediante la participación ciudadana».

 

La exposición se divide en cinco capítulos: Technologies of Peace, Language and Translation, Trauma and Reverberation, Architecture and Ecology e Imagining Futures. Cada uno aborda la construcción estética de la paz a través de movimientos sociales y activismo ciudadano, mediante colectivos feministas, intelectuales queer y activistas comunitarios.

 

La artista nacida en Belfast Cathy Wilkes, conocida por el uso de materiales modestos, cotidianos y desechados, presenta una instalación frágil pero poderosa realizada con cartón, papel, alambre y acrílico, que aborda el atentado perpetrado en 1972 contra el restaurante Abercorn, en la capital de Irlanda del Norte. La explosión, de la que se responsabilizó al IRA Provisional —aunque la organización nunca ha asumido oficialmente su autoría—, causó dos muertos y más de 140 heridos.

 

La obra forma parte de la colección del IMMA y pone de relieve la posición singular del museo dublinés, que le permite explorar tanto las políticas de la paz como sus consecuencias. La exposición incluye obras de 12 artistas de Irlanda del Norte y reflexiona ampliamente sobre los periodos anteriores y posteriores al Acuerdo de Viernes Santo de 1998.

 

«Creo que es realmente importante que la gente entienda que, sean cuales sean las guerras que están teniendo lugar ahora, sus consecuencias se prolongarán en el futuro», explicó Cremin. «Y que el trauma intergeneracional es algo con lo que las personas tendrán que convivir en el futuro. ¿Cómo podemos evitarlo?».

 

Verdad y desconfianza

A este trauma contribuyen la proliferación y la difusión constante de imágenes de conflictos, junto con la creciente desconfianza hacia estas imágenes en la era de la posverdad. El artista español Alán Carrasco aborda directamente esta cuestión recuperando el formato tradicional de la prensa escrita con su obra de 2023 History loves paradoxes.

 

La obra consiste en una colección de 20 portadas de periódicos a las que se les ha eliminado todo el texto, excepto las cabeceras. Aunque conservan sus tipografías habituales, todos los periódicos han pasado a llamarse The Truth (La verdad). Como señala el artista en su página web, la obra nos recuerda que, antes de creer «la verdad» de un periódico, deberíamos preguntarnos quién paga la tinta.

 

Cremin considera que esta combinación de desconfianza e imágenes perturbadoras, a menudo violentas, de los conflictos es una de las causas tanto de la deshumanización como de la ansiedad. «También existe una sensación de impotencia, de que realmente no puedes contribuir a cambiar las cosas», explicó.

 

«Pero creo que, si observamos la historia, siempre ha existido una idea de esperanza. Podemos provocar cambios, podemos actuar mediante la protesta social, tenemos un papel que desempeñar para detener estas situaciones dirigiéndonos a nuestros gobiernos».

 

Para la cocomisaria, este mensaje es especialmente importante dentro de la exposición y, sobre todo, para el público más joven: una generación demasiado joven para recordar el alivio que supuso el Acuerdo de Belfast, pero que en los últimos años se ha enfrentado a una creciente inestabilidad geopolítica y fragmentación social.

 

El último capítulo de la exposición, Imagining Futures, recuerda especialmente a estos visitantes más jóvenes que la paz es difícil, impredecible y, sin embargo, posible.

 

Este mensaje se ilustra mediante una selección de retratos íntimos pertenecientes a la serie young serbs (2001), de Phil Collins, realizados unos ocho meses después de la revolución democrática del 5 de octubre de 2000, cuando las manifestaciones multitudinarias en Belgrado y otras ciudades serbias derrocaron el régimen del líder comunista Slobodan Milošević. Estas obras se presentan junto al retrato textil de 2025 realizado por Małgorzata Mirga-Tas de la reconocida cantante de música folclórica Věra Bilá, que forma parte de una serie creada para homenajear a mujeres extraordinarias de la comunidad romaní.

 

Cremin considera que la fuerza de estas activistas, cantantes, escritoras y poetas romaníes frente al racismo constituye una señal de esperanza y demuestra que, mediante el trabajo colaborativo y el diálogo, la paz puede alcanzarse y mantenerse. «Parece algo inalcanzable», afirmó, «pero es posible cuando se dan las condiciones adecuadas.

»Podemos verlo en todo el mundo hoy en día: si realmente existiera la voluntad de trabajar por la paz, podría hacerse realidad. Es posible. Lo que ocurre es que las fuerzas actuales no están permitiendo que suceda».

 

Technologies of Peace: Art and Transition in Contemporary Europe (1989–2026) (hasta el 9 de mayo de 2027), en el Irish Museum of Modern Art, Dublín.

Septiembre 15, 2026