Trabajar (y pensar) desde una mirada antropológica

Ana García Alarcón
Abril 14, 2021
Marcos Ávila-Forero, "From The Mountains. Varela Family", 2017.
Marcos Ávila-Forero, "From The Mountains. Varela Family", 2017.

Como historiadora del arte he estado siempre muy centrada en las artes visuales, especialmente en el arte de nuestro tiempo y en un arte de vocación eminentemente crítica. Me interesa el arte que tiene cosas que decir y que aportar, el que sirve como altavoz para visibilizar problemáticas que en ocasiones aparecen invisibles, o que nosotras1 mismas invisibilizamos y obviamos para seguir con nuestras vidas cómodas.
Cuando empiezo a investigar sobre estas cuestiones veo cómo (y esto es algo de lo que escribo en muchos de mis textos, siempre teniendo presente el libro de Miguel Ángel Hernández que nos habla de un artista como historiador)2, me siento atraída por la figura de la artista que, de alguna manera, trabaja como una historiadora, pero también como una antropóloga. La artista se erige así como una productora de realidades. El arte generado desde este posicionamiento se convierte en un artefacto que puede llegar a generar un impacto social (aunque puede también pasar desapercibido y quedar diluido).
La antropología se convierte en una herramienta fundamental para entender cuestiones que desde otras disciplinas no se estudian (y no se contemplan). Es una ciencia donde adquieren protagonismo todas las voces, donde el objeto (artístico en este caso) deja de ser importante y donde quiénes adquieren un primer plano son las personas que configuran los lugares. Desde la antropología la obra de arte se mira en relación con su contexto, por quién lo ha creado y para qué ha sido pensado. Para Alfred Gell lo realmente importante es insertar los objetos artísticos en una red de relaciones a partir de las cuales estos se han creado y, dentro de esta red, establecer las respuestas o efectos que estos objetos (o estas obras de arte) producen en las personas receptoras. Aquí vemos como, en la antropología del arte, las relaciones que se establecen en torno a una pieza son fundamentales, tanto desde su configuración hasta su inserción en el medio social, y cómo los agentes se relacionan con ella. Gell nos habla del arte como un «sistema de acción»3.
Muchas artistas siguen pautas similares a las de una etnógrafa, para quien el trabajo de campo es una parte esencial del proceso. Para la etnografía contemporánea lo importante no es observar el sujeto de estudio y crear «sus» teorías desde la lejanía, sino realizar una observación activa y participativa (o participante), siendo fundamental para una investigación seria formar parte, de alguna manera, del colectivo que se va a estudiar. La voz de sus protagonistas, sus propios documentos y sus aportaciones son fuentes principales para la elaboración del estudio. Son muchas las tensiones que se crean ( y muchas las crisis y enfrentamientos que se producen) desde el pensamiento y la práctica antropológica para intentar adentrarse en las culturas y hacer un estudio lo más fiel posible a su realidad.
Desde mi acercamiento a la antropología como disciplina (siempre desde la historia del arte), veo cómo en ocasiones no tenemos en cuenta muchos factores que son fundamentales para la construcción cultural; cómo, aunque trabajamos desde una mirada crítica, olvidamos muchas voces y priorizamos la nuestra. Esto me lleva a buscar, o al menos a intentarlo, otras formas de acercarme a los campos de estudio en mis investigaciones. En este sentido, busco trabajar con artistas que, de una forma u otra, se adentran en su contexto, lo estudian, lo analizan y, formando parte de él, crean obras que responden a un problema, que nos invitan a pensar en él. Este arte, desde el compromiso y la responsabilidad, se introduce en los mecanismos de nuestra sociedad para intentar lanzar mensajes «desde dentro», para invitarnos a reflexionar sobre cuestiones que necesitan una urgente revisión.

 

 

1. En este texto se utilizará el femenino inclusivo.

2. Hernández, Miguel Ángel (2012). Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano). Murcia: Micromegas.

3. Gell, Alfred (1998) [2006]. Arte y agencia. Una teoría antropológica. Buenos Aires: Sb editorial.