La cuarta planta del Museo Reina Sofía incorpora 403 obras a su exposición permanente bajo el título 'Colección. Arte contemporáneo: 1975-presente'. Más de la mitad de estas piezas se muestran ahora por primera vez al público y muchas son adquisiciones recientes, trabajos muy actuales y de artistas nacionales.
Esta es la primera fase de la reorganización de la permanente del museo, a la que seguirán la tercera planta, dedicada a los años 50, 60 y 70, y la segunda, centrada en las vanguardias.El recorrido se articula en una introducción y tres itinerarios –no siempre cronológicos– que abordan diferentes momentos y temáticas presentes en los 50 años que abarca esta propuesta. Como cualquier selección, existen varios autores y obras que se han quedado fuera de esta propuesta, lo cual puede producir cierta frustración; no obstante, es positivo que el Museo Reina Sofía por fin preste atención al arte actual español en su permanente.
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8. Patricia Gadea. 'Patosa', 1993. Sala 17

Gadea fue una de las artistas clave en la renovación de la pintura española de las décadas de los 80 y 90. La Transición y la Movida fueron los caldos de cultivo de esta artista que viajó a Nueva York en los 80. Allí fundó, junto al también pintor Juan Ugalde y al poeta Dionisio Cañas, el colectivo Estrujenbank que influyó en el aspecto político de su producción artística individual.Gadea se servía de elementos del cómic, cultura popular e imágenes de la publicidad gráfica para generar una visión crítica. Es el caso de 'Patosa', donde se fija en la representación arquetípica de la figura femenina, que relaciona con iconografía pop, prensa del corazón o la idea de su marido, para invitar a pensar sobre cómo estos símbolos de la cultura esconden mensajes que refuerzan el discurso dominante.
10. Marina Vargas. 'Romper el canon, 2021'. Sala 21

El tercer y último itinerario, 'Un marco nuevo. La institución, el mercado y el arte que los excede', finaliza en esta sala y esta fotografía de Marina Vargas ejerce un papel simbólico en el espacio. No solo por el título, sino por la obra en sí, que muestra a la artista posando con el puño en alto en señal de fuerza, desnuda, dejando ver las cicatrices de su cáncer con orgullo, mientras un grupo de artistas la retratan. La escena remite a las clases de dibujo del natural de las academias, con el giro disruptivo de que la modelo, antes musa e icono, ahora es protagonista por sí misma. De esta forma, Vargas rompe el canon del cuerpo perfecto por el del cuerpo real y superviviente y desecha la idea de la modelo objeto para pasar a ser sujeto.

