Tijeras en los ojos: Patricia Gadea

Resumen

Veinte años después de su fallecimiento, esta exposición recupera la obra de Patricia Gadea, marcada por una reflexión incisiva sobre su propio tiempo. Gadea no fue una pintora de formas autónomas o cerradas, sino de materiales en tránsito. Ella trabajaba con todo aquello que caía en sus manos, activando un pensamiento crítico basado en un uso desobediente de lo visual. Como escribió Francisco Calvo Serraller, “más que aplicar el corta y pega, parece que tiene tijeras en los ojos”. No se trata solo de una técnica, sino de una forma de mirar.

Situada en el contexto de la pintura posmoderna madrileña, Patricia Gadea desarrolló una practica ecléctica y de fuerte colorismo, atravesada por el collage y por referentes de la cultura pop. Su obra, desde el principio, se inscribe en el contexto de la Movida, un momento marcado por la hibridación de lenguajes y la disolución de jerarquías. Con el proceso de cambio democrático en España, su trabajo actúa como un dispositivo crítico que interpela los imaginarios dominantes de la época desde una posición consciente y provocadora. Gadea asimila estas influencias para cuestionarlas. Su iconografía ecléctica da lugar a un hermoso caos que desborda los límites entre abstracción y figuración.

 

En 1985, Patricia Gadea, José Maldonado, Manolo Dimas, César Fernández Arias y Juan Ugalde crearon la galería Mari Boom, ocupando un pasaje subterráneo cercano al parque del Retiro, en Madrid. La acción buscaba romper las barreras entre la alta y la baja cultura y cuestionar los espacios legitimados del arte. Más de tres décadas después, en 2018, el espacio fue reactivado por diecisiete artistas mujeres, como Marina Vargas, María María Acha-Kutscher y Sandra Gamarra, a través de una acción feminista de guerrilla artística, con el objetivo de visibilizar la desigualdad persistente en el sistema del arte y la escasa presencia de mujeres artistas en los circuitos expositivos. La acción, documentada en vídeo y fotografía, forma parte de esta exposición.

 

A finales de los años ochenta, Patricia Gadea se instala en Nueva York, en un momento de intensa efervescencia artística y de fuerte politización del campo cultural. Su pintura comienza a desplazarse hacia una dimensión más conceptual. No se trata de un conceptualismo frío, sino de una pintura que se critica a sí misma, se tritura y se expande. La experiencia cotidiana se convierte en un punto de partida para plantear cuestiones más amplias, como el capitalismo, la globalización, nuestra relación 

con las imágenes de consumo y la construcción de la experiencia de ser mujer en ese entorno inmediato. En este periodo, Gadea entra en contacto con otros artistas y agentes culturales, entre ellos Carlos Pazos, con quien colaboró en una de las obras que integran la muestra. Este contexto de intercambio fue decisivo para el desarrollo de sus prácticas colectivas posteriores.


De esta forma se gestan las bases de Estrujenbank, concebido como una práctica que combinaba sátira política y acción crítica, entendiendo el arte como forma de vida y como cuestionamiento del propio sistema que lo sostiene. El grupo estuvo integrado por la artista, su pareja Juan Ugalde, Dionisio Cañas y Mariano Lozano. Tras su regreso a Madrid, el colectivo realizó su primera exposición, coincidiendo con el momento en que Gadea trabaja en los bocetos de su cuaderno de 1989 que articula esta muestra. Estos funcionan como un espacio de proceso, donde las ideas se ensayan y se contaminan.


Poco después, su obra consolida una lectura mordaz del contexto español a través de la aparición recurrente de payasos, fieras y figuras circenses. Algunas de las piezas presentes, como la de Estrujenbank y collages posteriores como el de 1994, dialogan directamente con esta temática en que lo grotesco y lo político se entrelazan. El circo funciona así como una metáfora del poder convertido en espectáculo que se disfraza y se legitima a través de sus mecanismos de propaganda.


Su separación de Juan Ugalde y el distanciamiento de Estrujenbank marcan una ruptura decisiva. Responde a una necesidad de afirmación propia, de separación de lenguajes y técnicas. Desde entonces, su obra adquiere un tono más sombrío e introspectivo, centrado en arquetipos femeninos que cuestionan la noción misma de “mujer”. Personajes tomados del cómic y de la publicidad aparecen como cuerpos explotados, fragmentados o caricaturizados, evidenciando los mecanismos de representación y consumo que atraviesan lo que era el femenino de la época
En 1996, Patricia Gadea abandona Madrid para tratar su adicción y reconstruir su vida lejos de la velocidad de la ciudad. Su pintura se afirma como un ejercicio artesanal y cotidiano, un espacio de resistencia frente a la hiperexposición y al exceso. El trabajo se vuelve más íntimo, de trazo bocetado y iconografía críptica, donde el cuerpo y la fragilidad ocupan un lugar central. Instalada en Palencia, da clases de arte y desarrolla su obra al margen de los circuitos principales hasta el final de su vida.


La trayectoria de Patricia Gadea está permeada por un cuestionamiento constante de lo estético y del lugar de la mujer artista. Considerada hoy una figura clave de la pintura española, ellaarticuló una perspectiva sin militancia programática, pero sin concesiones frente al predominio masculino en la sociedad y en el sistema artístico. A lo largo de su obra, este pensamiento se despliega en múltiples formas y soportes, logrando una ecuación singular entre complejidad conceptual y inmediatez formal. Como tijeras en los ojos, Gadea no busca fijar una mirada, sino interferirla. En esa capacidad para transformar tensiones vitales en lenguaje plástico reside la intensidad, la urgencia y la velocidad de una obra inseparable de la vida. Su amor principal fue el arte y, de manera radical, vivió y murió atravesada por ese compromiso.

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