Desplace hacia abajo para la versión inglesa y para ver imágenes
Scroll Down for English Version and to see images.
IGOR EšKINJA
Nowheristan
Fechas: Del 16 de mayo al 30 de julio
Inauguración: 15 de mayo a las 8:30 h.
En ocasión de su segunda exposición individual en ADN Galería, Igor Eškinja regresa con una serie de fotografías y dos instalaciones realizadas en el espacio de la galería. Con Nowheristan, el artista croata permanece fiel a su línea, caracterizada por un cuestionamiento sobre la producción y la recepción de la imagen en el espacio expositivo. Eškinja pone en evidencia el carácter construido de la mirada y los regímenes de visibilidad que condicionan a la vez nuestra percepción de la realidad y su representación. El artista ha concebido un neologismo para titular la exposición, en el que se asocia la idea de no-lugar (nowhere, en ninguna parte) y la definición de un territorio especifico, sugerida por el sufijo –stan, palabra árabe que significa tierra, territorio. Se trata de un oxímoron que designa a la vez un lugar físico, circunscrito geografícamente, y un espacio inmaterial, fruto de la imaginación. Este estado intermedio constituye precisamente un aspecto clave de la obra de Eškinja: mantener permanéntemente un equilibrio paradójico entre el mundo material y una esfera conceptual.
Eškinja trabaja a partir de elementos singulares básicos, esencialmente dos familias: los objetos y las formas que interactúan con esos objetos, aplicándose en su superficie y perturbando su visión. Las fotografías presentadas en la exposición retratan objetos cotidianos desde una perspectiva frontal, destacando sobre fondo neutro y bañados por una luz blanca y uniforme. Cada objeto se ve contaminado por una o varias manchas de distintos colores, de tal manera que esas manchas se asemejan a drippings proyectados no sobre el objeto sino sobre la superficie misma de la fotografia. No obstante el juego perceptivo, el artista nos desvelará el secreto de las fotografias y el proceso de construccion ilusionista de la imagen bidimensional a través de dos instalaciones concebidas in situ en el espacio expositivo. La primera con la aplicación de otra mancha; la segunda con la elaboración de un alfombra bien particular, realizada con las hojas de sala de la exposición.
Tanto en su trabajo fotografíco como en las instalaciones, Eškinja opta por una economía de medios que reenvía a los lenguajes del arte conceptual y del arte povera. Mientras se inspira en el primero en sus propiedades factuales y analíticas, la referencia al arte povera es visible en el uso de materiales sin valor, que se han vuelto casi invisibles al pertenecer a nuestra vida quotidiana – unos caballetes, un sofa, bolsas de la basura, una escalera de pintor. El objeto se caracteriza entonces por su pragmátismo, enfatizando su carácter trivial y, de manera más sorprendente, por sus propriedades arquitectónicas, que permiten jugar con la mancha en una suerte de trampantojo que contamina su visualización. La “imágen-mancha” actúa como ataque dirigido a la seriedad del objeto ready-made, apunta con ironia al carácter fundamentalmente artificial de la decontextualización operada por el arte conceptual ortodoxo, y pone en evidencia el carácter mediatizado de cualquier representación. Por lo tanto, aunque las obras de Eškinja seducen por su estética minimalista y anti-espectacular y por su capacidad para producir significado unívoco en afinidad con el lenguaje publicitario, esta aparente ausencia de ambigüedad esconde un contrapunto irónico.
Si bien es cierto que los objetos y materiales constituyen una presencia fuerte tanto en las instalaciones como en las fotografias de Eškinja, es la relación dialéctica entre la materialidad del objeto y el carácter construido e ilusiorio de su aparición en el espacio lo que permanece latente en todo el trabajo del artista. La aprehensión física de la obra se acompaña siempre de una reflexión conceptual en torno a esta misma experiencia de percepción/recepción. Muchas veces en la obra de Eškinja y en particular en Nowheristan, es difícil distinguir que cual es la forma expresiva que viene en primer lugar: ¿es la fotografía la que se constituye en índice de la instalación tridimensional, o, por el contrario, sirve de modelo ? A diferencía de la perfección engañosa de las fotografías, las instalaciones en el espacio real permiten experimentar un desajuste que la fotografía esconde. Mientras la fotografía congela el evento y mantiene una perspectiva única que impide cualquiera verificación, la instalación desmistifica todo, negando la lógica del punto de vista único. Basta moverse para ver la imágen perfecta volatilizarse en una multitud de puntos esparcidos.
En cierta medida, podemos trazar una línea de continuidad entre el trabajo de Eškinja y la tradición ilusionista renacentista, expresada en representaciones anamórficas o en trampantojos , o simplemente a través el uso de la perspectiva como instrumento de control de la mirada. De la misma manera que los artistas del Renacimiento se servían de la representación en perspectiva para crear un espacio perfecto, aunque totalmente ilusorio, las fotografías de Eškinja mantienen una ilusión de lo que es visible. El acontecimiento queda fijado en un marco de visibilidad y de lectura preciso. La imagen nos llega casi impuesta, como un corset visual que esconde lo que estamos sospechando y ofrece una visión única, sin profundidad. La instalación ilustra, en cambio, el proceso de su propia construcción y restaura para la misma ocasión el proceso de elaboración de la imágen fotográfica, proporcionando una experiencia espacial y temporal distinta. En Nowheristan, instalaciones y fotografias presentan pues dos facetas de un mismo evento, dos marcos de visibilidad distintos. Con su habitual ingeniosidad, Eškinja elabora un doble sistema, de mistificación y demistificación simultáneas, reconciliando la experiencia estética con el análisis de los propios procesos que la producen. Sabotea los regimenes de visión establecidos para volver a una versión compleja y crítica de la representación.
iGOR EšKINJA
Nowheristan
Dates: May 16th – July, 30th, 2010
Opening: May 15th at 8h30 pm.
For his second personal exhibition at ADN Galería, Igor Eškinja comes back with a new photographic series and two installations realized into the gallery space. With Nowheristan, the Croatian artist remains faithful to his personal approach, characterized by a reflexion on the production and reception of the image within the exhibition space. Eškinja emphasizes the constructed character of the gaze and the regimes of visibility which influence our perception of reality and its representation. A neologism forged by the artist, the exhibition’s title associates the idea of no-place (nowhere) and the definition of a specific territory, as expressed by the suffix –stan, an arab word meaning “land” or “territory”. Such an oximoron refers at once to a physical place that can be geographically circumscribed, and to an immaterial space raised from imagination. Such an in-between state is precisely a key-aspect of Eškinja’s work: maintaining permanently a paradoxical equilibrium between material world and conceptual sphere.
Eškinja works mainly with two elements: the objects on the one hand, and, on the other, the forms which interact with them, by fitting over their surfaces and disturbing their visuality. The exhibition’s photographs represent daily objects from a frontal view, standing out against a neutral background and shrouded by a homogeneous white light. Each object is poluted by one or several stains of different colors, which look as drippings projected on the surface of the photograph and not directly on the object’s. In spite of this play with perception, the artist will disclose the photographs’ secret and the illusionistic process of constructing the bidimensional image with two site-specific installations realized into the gallery space. First, another stain ; then, a quite unusual carpet, realized with sheets of the exhibition’s pressrelease.
In his photographic work as well as in his installations, Eškinja operates through an economy of means recalling conceptual art and arte povera’s lexicom. While he gets inspired by the factual and analytical properties pf canonical conceptual art, the reference to arte povera can be noticed in the use of unvalued materials, turned invisible for being omnipresent in our daily lives: some easels, a sofa, some rubbish bags, or a ladder. The object is thus characterized by its simplicity, sometimes lapsing into triviality and, in a more suprising way, by its architectonic properties which play with the stain and create a sort of trompe-l’oeil, confusing the way perceive the object. The “stain-image” operates as an attack directed to the seriousness of the ready-made object. It ironically points out how artificial the decontextualizing process performed by orthodox conceptual art can be, and unveils the mediation of every representation. In this way, if Eškinja’s work seduces for its anti-spectacular, minimal aesthetics and its ability to transmit an univocal meaning which echoes the language of commercials, such an apparently explicit lack of ambiguity hides an ironical counterpoint. While objects and materials have a strong presence
in Eškinja’s installations as well as in his photographs, the dialectical relationship between the objects’ materiality and the constructed and illusory character of their manifestation into space remains latent in his whole work. The physical approximation to the work always goes hand in hand with a conceptual reflexion around this same experience of perception. Many times in Eškinja’s work, especially in Nowheristan, we can hardly distinguish which form of expression comes first. Is the photograph an index of the tridimensional installation, or, on the contrary, is it its model? Unlike the photographs and their deceptive perfection, the installations lead us to experience a discrepancy, hidden in the photograph. While photography freezes the event and maintains a single perspective, preventing any verification, the installation demystifies it by denying the logics of a single point of view. It is enough to move to see the perfect image vanishing into a multitude of dispersed points.
In a way, we could trace a continuity line between Eškinja’s work and Renaissance’s illusionistic tradition, expressed into anamorphic representations or trompe l’oeil, or through the use of perspective as an instrument controlling the gaze. Just as the artists from Renaissance used perspective in order to create a - even if illusory - perfect space, Eškinja’s photographs create the illusion of the visible. The event remains fixed into a precise frame of visibility and interpretation. The image comes to us almost imposed, as a visual corset, without any depth. On the contrary, the installation illustrates the process of its own construction and reestablishes thus the process of elaboration of the photographic image. It provides a different experience in time and space. In Nowheristan, installations and photographs present two aspects of a same event, two distinct frames of visibility. Though his wit, Eškinja elaborates a doble system, which simultaneously mystificates and demystificates. He reconciliates the aesthetic experience with the analysis of the processes that produce it, and blows established regimes of vision to propose a complex and critical version of representation.