Desplace hacia abajo para la versión inglesa y para ver imágenes
Scroll Down for English Version and to see images.
KENDELL GEERS HELLRAISER
Fechas: 25 de Noviembre – 14 de Enero de 2012
Inauguración: 25 de a partir de las 19:30 h.
ADN Galería inaugura el 25 de noviembre Hellraiser, la primera exposición personal de Kendell Geers en la galeria, comisariada por Pierre-Olivier Rollin, director del B.P.S.22 de Charleroi, y ADN Galeria.
La obra de Geers formula un discurso crítico y desacralizante atípico en el panorama artístico actual. Eje central de su trabajo, la noción de poder se declina en representaciones que convocan directa o metafóricamente temas como la violencia, la religión, la moral, el sexo, la disciplina y el miedo. Geers socava el sistema de valores fijados por nuestra sociedad occidental, apuntando sin piedad a aspectos que permanecen en la sombra: luchas de poder, racismo, coacciones, injusticias, explotación de los más débiles, falso puritanismo.
Sin adoptar el tono moralista y bien pensante que caracteriza al arte que se reivindica “político”, Geers prefiere actuar como un “terrorealista” (según un término creado por él) que exhibe lo real de manera impúdica, sin los filtros ideológicos, morales o religiosos que suelen alterarlo. No duda en recurrir a formas y expresiones que provocan por su violencia, su carácter autoritario o sexista, ni en desmontar los ideales de pureza racial, ideológica, religiosa. Basadas en motivos visuales recurrentes y en materiales humildes (cristales clavados en soportes variados, estatuas envueltas en cintas utilizadas por la policía para circundar los lugares de crímenes, pintura o tinta negra derramada, materiales de construcción), las obras del artista intervienen como señales desestabilizadoras en un sistema cuya legitimidad se basa en la omisión tácita de sus disfunciones.
Dice Pierre Olivier Rollin, comisario de la exposición: “En esta exposición, el artista articulará algunas obras realizadas en los últimos años junto a sus últimas producciones: dibujos, esculturas, pinturas, superficies esculturales, instalaciones, murales. La exposición recoge las preocupaciones recurrentes del artista desde sus comienzos: la conjunción de las posiciones extremas, la transformación de las imágenes y de los objetos, la reinterpretación política del ready-made, del minimalismo o del arte conceptual, el desajuste de los sentidos, las aporías del lenguaje. Reagrupadas en un amplio “cluster hanging”, las obras de varias épocas, sobre soportes distintos y con formas de expresión diversificadas, compondrán una amplia instalación que multiplica los niveles de comprensión entre ellas. La profunda coherencia, así como las ramificaciones de la obra, surgen a través de las múltiples posibilidades de interpretación, deliberadamente sugeridas por la disposición de las obras.”
La serie de obras expuestas en ADN sorprende por su eficacia comunicativa: son sencillas y determinadas, bien estructuradas y visualmente atractivas. La dimensión estética de la obra actúa como contrapeso de un contenido altamente provocador o violento, recordándonos irónicamente que la violencia también es “glamurosa” y genera fascinación y adicción. El titulo de la exposición, Hellraiser, traducible como “el que levanta o despierta el infierno” juega justamente con esta visión dual de una figura deseable precisamente por potente y peligrosa. Un gran mural declina el conocido motivo “LOVE” de Robert Indiana hasta rendirlo irreconocible, entre letras y formas abstractas o tribales que parecen a veces cuchillas de afeitar estilizadas.
La misma sensación de amenaza latente emana de una instalación compuesta de ladrillos en suspensión. Varias esculturas en bronce declinan motivos familiares en el registro de Geers: iconos religiosos, políticos o populares como el famoso “Manneken Pis” belga, variaciones sobre estatuas africanas, y objetos cotidianos con huellas digitales o moldes del cuerpo del artista. El artista expone también dibujos pornográficos que juegan con la condición voyerística del espectador que se verá reflejado en el soporte de las obras, así como una serie de intervenciones sobre imágenes apropiadas de revistas.
En estas obras se privilegia el humor negro, la obscenidad tranquila, el uso frio de lo blasfemo, la provocación sonriente y mordaz. El lenguaje mismo, componente importante en la obra de Kendell Geers, tiene doble cara: las formulas enigmáticas que aparecen en sus dibujos o pintadas en las paredes esconden palabras y conceptos genéricos, muchas veces reapropiaciones de discursos artísticos o políticos conocidos. Geers maltrata y transforma el lenguaje, consciente que se trata de un medio ambivalente, susceptible así mismo de manipular al público. Frente a la obras, el espectador no tiene otra elección que reflexionar sobre su propia adhesión a ese guión fantasmagórico, su grado de complicidad y de disfrute.
A pesar de su tonalidad iconoclasta, la expresión de Geers es raramente unívoca, ya que el artista mantiene una ambigüedad sobre su propio posicionamiento. Asimismo, la biografía del artista y su mitología personal encarnan esta ambivalencia; de su identidad de blanco nacido y criado en Sudáfrica, en desacuerdo con el régimen del Apartheid, hasta su decisión de adoptar 1968 como fecha de nacimiento simbólica, Geers explota en parte su propia historia y se construye un personaje ficticio, mientras los discursos críticos instrumentalizan estos datos para erigirlo, a su vez, en otro icono subversivo.
Imágenes de la exposición - Exhibiton views. Photographer Roberto Ruiz
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
KENDELL GEERS HELLRAISER
Dates: November 25th – January 14th, 2012
Vernissage: November 25th from 7:30 pm
ADN Galeria will open on November 25th the solo show Hellraiser by Kendell Geers, curated by Pierre-Olivier Rollin, director of B.P.S.22 in Charleroi, Belgium, and ADN Galeria.
Kendell Geers’ work formulates a critical and iconoclast standpoint almost atypical in the contemporary artistic landscape. As the main line in his work, the notion of power comes out in representations that deal directly or metaphorically with issues like violence, religion, moral, sex, discipline and fear. Geers undermines the system of values set by our Western society and harshly reveals some aspects that are usually left in the dark: struggles for power, racism, coercion, injustice, exploitation of the weakest, feigned puritanism.
Far from the moralist, right-thinking tone that characterizes the so-called “political art”, Geers presents himself instead as a “terrorealist” (according to his own formula) who indecently exposes the reality without distorting ideological filters. He doesn’t hesitate to use forms and expressions which provoke for their violence and their authoritarian or sexist character to unsettling the ideals of racial, ideological or religious purity. While relying on recurrent visual motives and humble materials (glasses stick on various supports, statues wrapped into the adhesive tape used by the police to circumscribe crime areas, black painting or ink dripping, construction materials), Geers’ works appear like signs that interfere and destabilize a system which legitimacy is based on the tacit omission of its dysfunctions.
As Pierre Olivier Rollin, curator of the exhibition observes: “in this exhibition, the artist will articulate some works realized in the last years along with his most recent production: drawings, sculptures, paintings, sculptural surfaces, installations, wall paintings. The exhibition synthesizes a series of concerns that have permeated the artist’s practice since his beginnings: the conjunction of extreme positions, the transformation of images and objects, the political reinterpretation of ready-made, minimalism and conceptual art, the alteration of senses, the aporia of language. Assembled in a large “cluster hanging”, works from various periods, media and expressive forms will compose an extended installation, increasing their levels of understanding. The works’ layout deliberately opens a multiplicity of interpretations that bring the works in their deep coherence and ramifications.”
The works exhibited at ADN surprise for its communicative efficiency: they are simple and determined, well structured and visually attractive. The aesthetic dimension of the works functions as a counter-weight for their provoking and violent contents. This ironically recalls us that violence is, also, “glamorous”, and produces fascination and addiction. The title of the exhibition, Hellraiser, plays with this dual vision of a figure that is desired just for being powerful and dangerous. A large wall painting takes the well-known “LOVE” pattern of Robert Indiana and turns it into a weaving of graphic signs up to make it unrecognizable, decomposed into alphabetical characters and abstract or tribal forms that look like stylized razor blades.
The same impression of latent threat emanates from an installation composed by bricks suspended over the visitors’ head. Several sculptures in bronze reproduce some typical motives of Geers’ visual and symbolic field of references: religious, political or popular icons like the Belgian “Manneken Pis”, variations on African statues, daily objects with fingerprints or moldings of parts of the artist’s body. The display also includes a series of interventions on images appropriated from magazines and a new series of pornographic drawings that play with the voyeuristic condition of the spectator, who sees her/himself reflected on the support of the artworks.
The whole selection of pieces relies on black humor and obscenity; it shows the artist’s clear predilection for a bitter use of blaspheme and a smiley and caustic provocation. Language itself, as an essential component in Geers’ work, has a double face: the enigmatic phrases appearing in his drawings or painted on the walls hide standard words and concepts which have often been “stolen” from artistic or political discourses. Geers ill-treats and transforms language, aware of its ambivalence and properties to manipulate the public. Facing the works, the spectator has no other choice than confronting his/her own adhesion to this phantasmagoric script and his/her level of involvement and enjoyment.
Despite his iconoclastic tone, the artist’s expression is rarely univocal, since he keeps his own position ambiguous. Likewise, his biography and personal mythology follows the same scheme of ambivalence; from his identity as white man born and raised in South-Africa and militancy against the regime of the Apartheid, to his own decision to adopt 1968 as his symbolic date of birth, Geers exploits his personal history and constructs for himself a fictional character, while the discourses of the art establishment utilize these inputs to render, in turn, as a subversive icon.