King Kong and the end of the world es una videoanimación que consta de 1100 dibujos de técnica mixta sobre papel. El video se acabó en 2005 y dura 4min. Fue realizado en colaboración con un artista multimedia neozelandés Russell Lowe. Se trata de una actualización para el siglo XXI de la película de 1933, llenada de anacronismos que encienden las imaginaciones.
Los protagonistas de los dibujos de Solmi son los típicos anti-héroes, desorientados, buscando desesperadamente su identidad y su papel y condenado a vivir en una sociedad hostil, loca, sin leyes. Solmi representa un universo que sería como el énfasis de un presente echado abajo, arruinado. Así que su tema más relevante es la reflexión sobre el paisaje urbano neurótico, la vida frenética que llevamos en las grandes ciudades y las contradicciones de nuestra sociedad postmoderna.
La animación de dibujo de King Kong se presentó por primera vez en Estados Unidos en la Pulse Art. fair de Miami, en la Gallery Sixtyseven y sus dibujos hicieron la cobertura de la revista Exibart de Enero 2006. En marzo 2006, KIng Kong and the End of The World fue proyectada durante una conferencia sobre los artistas emergentes en el museo Guggenheim de Nueva York. En octubre 2006, Solmi presentará sus dos últimos vídeos y una selección de dibujos durante una exposición colectiva en el museo de arte moderno de St Etienne en Francia
|
En la obra de Wolf Hamm fluyen siempre referencias de diferentes culturas. Sus nuevos trabajos nos hacen recordar vagamente antiguas xilografías o grabados de Durero, Schongauer o Baldung Grien pero, al mismo tiempo, nos ofrecen alternativas plásticas muy diversas; en palabras del propio artista “Siempre se construye sobre aquello que ya estaba antes”.
Wolf Hamm utiliza el dibujo como punto de arranque, como un plano básico para clarificar algo, “el primer paso lo constituye la introducción de ideas que han de ser formuladas. Su inexactitud constituye su propia fuerza.” Sobre fondos blancos se impostan los trazos negros fabricados por líneas pespunteadas. El trazo es inquieto y las composiciones parecen al final estar como aprisionadas por una mano invisible. Aquí se relatan historias que, estilísticamente, se descomponen de forma media abstracta, en un enmarañamiento sabiamente controlado.
Wolf Hamm parece recurrir a temas religiosos (el pecado original, la resurrección, la salvación y la esperanza de vida eterna) que se encuentran entremezclados con observaciones de la vida cotidiana que él documenta en diarios. El artista dice que “sus temas se sitúan a la puerta de casa, en la calle, en el metro, en los bares, de hecho en cualquier lugar en donde la gente se reúna y entre en contacto.”
De formación académica, el artista ha viajado mucho al extranjero, apoyado por varias becas alemanas y españolas. Ha realizado varias exposiciones en el norte de España, debido a su colaboración con la fundación de Bilbao Arte en proyectos culturales. |
Caín y Abel oprimidos
Por Mery Cuesta
El dibujo vive en la actualidad un momento dulce dentro de los vaivenes del gusto y el mercado del arte. Era de esperar, visto el proceso imparable de fagocitación de expresiones de la baja cultura (cómics, rock, tecno, dibujo, grafitti) por parte de la esfera de la alta cultura, que hasta hace bien poco entendía el arte contemporáneo según una serie cerrada de formatos cardinales (pintura, escultura, vídeo, instalación). Pero el dibujo hoy se prodiga, bulle y se celebra por todos lados gracias a su enorme potencial como expresión viva, híbrida y espontánea.
ADN Galería presenta la obra de dos artistas hermanados por la utilización de esta misma técnica, el dibujo, aunque totalmente opuestos en su procedimiento y - aparentemente - en su discurso. Veremos sin embargo cómo finalmente nuestros Caín y Abel acaban finalmente confluyendo en una misma idea.
Federico Solmi (Bolonia, 1973), se ha ganado a pulso el papel de Caín de la pareja. Solmi llega al circuito artístico proveniente de la órbita outsider. Su obra le delata en este sentido, no sólo en cuanto a la temática (populachera, iconoclasta, trufada de giros chuscos), si no en su descarnado estilo tachado y desmadrado, de sensibilidad dadaísta, o directamente absurda. A Solmi le obsesiona el sexo y la reproducción, le preocupan las contradicciones de la vida urbana, práctica la sátira, y venera a Rocco Sifredi (figura del porno a quien le dedica su anterior vídeo Rocco Never dies ), temáticas, en definitiva, que sangran, sudan y se corren y que nos afectan por puro instinto y naturaleza. La obra de Solmi atraviesa por la del maldito Raymond Pettibone, por las teorías sobre los fluidos y los maridajes antinatura de los filósofos Deleuze y Guattari, y guarda por extensión un cierto parentesco con el cine de Cronenberg.
Solmi presenta en ADN Galería su último vídeo de animación, King Kong and The End Of The World, así como varios dibujos de entre los 1100 que fueron utilizados para realizar la animación. Esta pieza juega con varios iconos de la cultura de masas: las marcas comerciales o emblemas de la alta cultura como el Museo Guggenheim, mezclados con algunos aderezos que ya son característicos de su obra, como la mostruosidad de los falos, hipertrofia que también fue fetiche de otros outsiders como el ilustrador decadente Beardsley o el dibujante Nazario.
Es fácil deducir que King Kong es una suerte de alter ego del propio artista, quien reconoce frecuentemente la profunda influencia que en su trabajo tiene el hecho de vivir en Nueva York. King Kong, asediado y ahogado por el paisaje urbano, pierde la razón y destruye incluso lo que ama (la Gagosian Gallery) hasta que finalmente cae abatido a disparos. La rabia y la impotencia ante una sociedad enferma y voraz es lo que espolea a Solmi a darse el gusto de representar una Nueva York regada de meados... La obra de Federico Solmi derrocha frescura y expresa a través de la fantasía el sentimiento de indefensión ante un paisaje urbano neurótico.
King Kong and The End Of The World tiene, sin embargo, un final esperanzador: el artista y su mujer son elegidos por Dios para repoblar la tierra. Nuestro Caín punk sataniza el episodio bíblico de Adán y Eva dotando al hombre de un gran falo. Abel, sin embargo, interpreta la Biblia de manera muy diferente...
Wolf Hamm (Bremen, 1974) - nuestro disciplinado Abel - se ha desarrollado al calor de los circuitos académicos alemanes y finlandeses. Buen aprendiz y experimentador de técnicas de larga tradicion como el dibujo de esbozo y la xilografía. El artista se confiesa seguidor de Durero y los grabadores Schongauer y Baldung Grien, demuestra cierta querencia por la pintura flamenca, y se enamora de la faceta más tenebrosa de la xilografía, aquella que también atrapó a grabadores mexicanos como Posada o Manilla.
Hamm explora el paisaje interior: el de las creencias, la fe y en definitiva, la condición humana. Para ello se centra en temáticas de carácter religioso y corte trascendental, especialmente citas bíblicas. Hamm no aborda literalmente estos episodios reproduciendo su imaginería, sino que los reinterpreta de manera contemporánea, aludiendo sutilmente a ellos a través de un estilo inconcreto, semi-abstracto: "La inexactitud del dibujo constituye su propia fuerza", asevera Hamm. Sus enmarañamientos nos evocan ciertas preguntas, cierto estado de meditación, un trance donde, de nuevo, se materializa la lucha de los contrarios, del mal contra el bien, de la negrura contra la claridad. Las xilografías que Hamm presenta en ADN Galería están pobladas por unas figuras que soportan una tensión interna, enredadas y a medio engullir por la oscuridad.
Hamm es un Abel dedicado y persistente, reflexivo. Todo lo contrario al desmandado Solmi. Sin embargo, como anunciamos, hay un aspecto en el que, desde ópticas tan dispares, confluyen: ambos hacen de la falta de libertad el punto de partida de su discurso. Los abruptos personajes de Hamm o el King Kong de Solmi, todos ellos pugnan por liberarse, por romper las cadenas de aquello que oprime al individuo, bien sea por dentro o desde fuera.
|