El Graffiti en España, a diferencia del resto del mundo, aún no está considerado como una modalidad artística al 100 %, aún visto como una agresión al mobiliario urbano, este tipo de arte se mantiene alejado de la galería y el circuito profesional.
En contra, recibe gran apoyo del público, que cada vez más, valora el trabajo gratuito de estos artistas. El Graffiti nacido hace ya treinta años, se ha convertido en la influencia gráfica de referencia en la producción artística actual. Plagando ciudades y urbes de imágenes y estilos, este movimiento artístico utiliza la propia calle de galería improvisada, a la vez que, como lo hicieron los artistas avanguardista en su momento, encuntra en los bares y locales nocturnos la tienda y galería donde poder vender la aplicación de su arte. Teniendo en cuenta que la galería del graffitero es la calle, y el lienzo el muro, ¿por qué cambiar su superficie y contexto?
De esta manera proponemos una exposición de graffiti real sobre muro, secundada por un espacio que muestra todas las aplicaciones que el artista de graffiti utiliza de su gráfica y estilo, que al fín y al cabo, es la integración de este controvertido arte en el sistema.
"Tengo que cortarme una oreja" reivindica la aceptación total del mundo artístico hacia el Graffiti como arte, y al graffitero como artista, pidiendo a tiempo este reconocimiento, rechazamos el glamour post-mortem.