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Espacios
de atención al público, despachos profesionales,
salas de juntas, son lugares donde a cualquier
empresa le interesa transmitir una imagen de
prestigio, moderna, dinámica y asociada con
la cultura. La obra de arte transmite esos valores,
al margen de su obvia función estética.
El
alquiler es, en esencia, dinámico, ya que se
puede adaptar a las diferentes necesidades de
cada empresa. Cambios en los espacios o de decoración,
actos puntuales (presentaciones, convenciones,
etc.) en que las obras de arte pueden contribuir
a crear el ambiente adecuado para cada ocasión,
evitando la habitual frialdad de los recintos
profesionales.
Alquilar obras de arte no obliga a un desembolso
ni una carga patrimonial importante, y es mucho
más atractivo fiscalmente que la compra.
Se pueden sustituir las obras alquiladas periódicamente
sin alterar por ello la cuota de alquiler, contribuyendo
así a esa imagen de espacio vivo y dinámico
que desea transmitir.
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