Santiago
Cirugeda_ INTERVENCIONES
DESOBEDIENCIA CIVIL. LA NECESIDAD
DE SER ILEGAL
Un
inmueble del casco antiguo está siendo ampliado de
manera ilegal. Como promotor de la idea y desarrollo
del proyecto, pero libre de responsabilidades legales,
que recaen exclusivamente en el propietario del inmueble
afectado, por no existir proyecto visado en el Colegio
Oficial de Arquitectos ni ningún tipo de licencia
para la ejecución del mismo, quiero mostrar las razones
que nos mueven a mi y a el propietario del inmueble
para cometer semejante ilegalidad o acto de desobediencia
civil.
La Legalidad. El proceso legal para la construcción
o modificación de un inmueble, es un proyecto arquitectónico
visado y sus correspondientes licencias de obras.
La Gerencia de Urbanismo del municipio correspondiente
revisa el proyecto y si lo ve correcto y totalmente
acorde con las ordenanzas del Planeamiento Urbanístico
que está implantado en el municipio, permite su construcción
concediendo las correspondientes licencias. Una vez
terminado el inmueble deberá ser inspeccionado por
técnicos municipales para verificar el correcto desarrollo
respecto al proyecto aprobado, y conceder la licencia
de ocupación o cédula de habitabilidad.
El Problema. Los problemas comienzan cuando
son denegadas las licencias de obra por incumplimiento
de algunos parámetros o aspectos de las citadas ordenanzas
. En el caso del Casco Antiguo, el fin último y más
importante de todas ellas es mantener en estado de
parálisis temporal el entorno urbano y sus construcciones,
limitando y definiendo concretamente la fisionomía
y aspectos visuales y funcionales de todo lo allí
existente o por existir.
Las razones son lógicas; conservar una señas de identidad
que se estiman comunes a la ciudad, mediante un juicio
y valoración histórica hecha y consensuada por los
poderes políticos del momento y con el respaldo cultural
y técnico de arquitectos, historiadores y personajes
críticos en la definición y ordenación del hecho urbano.
Estas señas de identidad, que se quieren mantener
intactas y que sirven de reclamo turístico, van convirtiendo
parte de la ciudad en un organismo inmóvil y estéril;
un parque temático habitable, una ciudad espectacularmente
muerta. La libertad con el que el ciudadano modificaba
su propiedad y entorno es severamente limitada.
El mantenimiento obligado de ciertos colores en las
fachadas, el uso exclusivo de materiales y soluciones
constructivas, la conservación o reconstrucción según
el orden impuesto o las limitaciones de uso de las
propiedades inmobiliarias, son las directrices necesarias
para mantener la imagen que se entiende o supone aceptada
por la gente que da vida a la ciudad. Los mismos individuos
que han ido creando los diferentes y particulares
entornos comunitarios mantienen, paradójicamente,
el derecho a cambiar su imagen física; peinados, tatuajes,
prótesis diversas; ropa, coche, móvil etc, e incluso
a renunciar a sus convicciones culturales e intelectuales
tantas veces como una persona libre quiera.
Variable a través de los años, y por lo tanto razonablemente
puesto en duda, el grado de proteccionismo establecido
actualmente puede asumirse como servil a las intenciones
y necesidades de imagen que quiere dar los oscilantes
representantes de los poderes públicos de los ciudadanos.
La ilegalidad. Si alguna vez nos planteamos
la posibilidad de que nuestro ejercicio a la hora
de construir o modificar una arquitectura puede entrar
en conflicto con lo ordenado, y asumimos la desobediencia
civil por motivos de necesidades espaciales, funcionales
o intelectuales (necesidad de identidad personal o
la defensa de una manera determinada de vivir), podemos
hacer dos cosas: acudir a los proyectos dobles ocultos,
como me gusta llamarlos, o la ilegalidad absoluta
por inexistencia de proyecto ni licencia, mi caso
actual.
En el primer caso sucede que el proyecto que estimamos
será aceptado, al primer o segundo intento, por la
Gerencia y por el cual nos darán la licencia, tiene
un proyecto doble oculto, que sólo conocen propietarios
y constructores, y que da soluciones técnicas camufladas,
para que una vez inspeccionado y concedida la licencia
de ocupación se pueda descubrir la arquitectura oculta
por medios casi inmediatos.
Una serie de ejemplos reales pueden seguir describiendo
como razonablemente aceptable , la desobediencia civil
practicada.
- La lógica necesidad de construir una cubrición ligera
en una azotea como defensa al sol, para hacerla mínimamente
habitable en una gran parte del año, y su calificación
como ilegal por el planeamiento, obliga a construir
ocultas bajo un regruesado de rasilla y escayola las
placas de anclaje para la estructura metálica que
se podrá montar y desmontar posteriormente.
- El derecho a la intimidad y vivir realmente aislado
de la calle, y la ilegalidad de dejar ciegas las fachadas,
obliga a colocar dentro y fuera del hueco de la ventana,
obligada y perfectamente acabada en carpintería de
madera y coloreada correctamente, unas contraventanas
de hormigón e ínfimo marco de acero inoxidable, para
que una vez hecha la inspección técnica con ventanas
relucientes y abiertas se procede al cerrado definitivo
de la doble hoja de hormigón consiguiendo una vida
volcada hacia el interior de la vivienda y el patio.
- Un caso contrario y que evidencia las lógicas diferencias
de los habitantes, es la de desear, un hueco que no
es permitido, unas veces por razones estéticas otras
por necesidad funcional. El proceso es inverso; ventana
acabada entre tabiques de cartónyeso o rasillas enfoscados
y pintados, que será retirado una vez inspeccionado.
En el segundo, la ilegalidad absoluta, la pericia
de los implicados es fundamental, porque el no tener
ninguna licencia y hacer obras es complicado y arriesgado.
La necesidad de ampliación del espacio vital por diversas
necesidades, según situaciones personales concretas,
obliga en nuestro caso a construir ilegalmente una
habitación y cuarto de aseo en la azotea del inmueble,
cosa muy generalizada y común en la ciudad antigua,
obviando la limitación impuesta para hacer habitable
dicho nivel.
Subida de materiales por medios manuales no ruidosos,
retirada de escombros en furgonetas en salidas nocturnas,
contenedores-señuelos en las inmediaciones con motivo
de una Reforma-menor de otro inmueble vecino, almacenaje
camuflado, y en casos más interesantes andamios-biombo
que sirven para que, en plazos de ejecución cortísimos,
desaparezca y vuelva a aparecer una fachada de un
inmueble obligado a su conservación. Todas ellas operaciones
realizadas por especialistas en obras con camuflaje
y ejecutadas con rapidez. Se suele utilizar de todas
formas la figura de licencia de obra menor, sin proyecto
técnico, para realizar auténticas obras de reforma
y ampliación, para tener, en caso de visita desafortunada
de alguna inspección, algún documentos que evidencia
cierta tendencia o predisposición a la legalización
de la obra en proceso.
La emancipación. Creo argumentado suficientemente
que ciertas Desobediencias Civiles son cometidas con
cotidiana asiduidad, y que más allá de justificar
la ilegalidad cometida en virtud al número de Desobedientes
existentes, quiero que aparezca una duda razonable
sobre la legitimidad de modificación de tu propiedad
inmobiliaria como desarrollo legítimo de ciertas necesidades
entendidas como vitales para el ciudadano .
Creo, además, que la evidencia del desarrollo de estas
actividades ilegales describen unos impulsos liberadores
que producen una emancipación, temporal, de las estructuras
ordenadoras y limitadoras de la auténtica vida urbana.
La alienación generalizada de los grupos humanos a
una sociedad patéticamente acomodada, a todos los
niveles, queda instantáneamente destrozada por aquellos
que de manera subversiva cometen semejantes acciones,
que más allá de producir cambios en las estructuras
homologadoras y controladoras suponen un parodia crítica
que evidencia las incapacidades de las mismas para
acotar la compleja realidad.
NOTA : La imágenes han sido manipuladas, siendo borrado
o modificado el entorno urbano inmediato, con el fin
de evitar localizar el emplazamiento de la prótesis
cuestionada.